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Psicología infantil y adolescencia

Calificar una conducta como anormal depende de su frecuencia, duración e intensidad.

Se considera que la desadaptación propia de la psicopatología infantil y adolescente representa una pausa, una regresión o una desviación en el desarrollo normal del niño. En LC Psicólogos somos especialistas en tratamientos para niños y adolescentes.

Un aspecto obvio en el que los niños se diferencian de los adultos es que viven un periodo de rápido crecimiento y desarrollo. Además de los cambios físicos asociados con la maduración, existen importantes cambios sociales, cognitivos y comportamentales que tienen profundas repercusiones para la psicopatología infantil. La edad se presenta como uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta, dado que lo que puede resultar absolutamente normal en una edad determinada puede que ya no lo sea en otra. De hecho, la mayoría de los síntomas de los trastornos infantiles son comportamientos adecuados, o al menos típicos, en las primeras etapas del desarrollo (hiperactividad, inquietud e incluso agresión). Las normas evolutivas, pues, son de especial importancia.

Los niños, de modo prácticamente uniforme, son objeto de consulta porque sus padres, un maestro o un médico han expresado algún género de preocupación por ellos. La primera tarea que realizamos en LC Psicólogos consiste en determinar si el problema planteado existe realmente. A menudo las consultas pueden ser motivadas por la intolerancia, la ignorancia o las concepciones erróneas de los adultos respecto al comportamiento infantil. Con excesiva frecuencia, cuando existe un problema infantil, este reside fundamentalmente en el sistema familiar o en el modo como los padres abordan la conducta de su hijo; aunque este hecho suele ser difícil de asimilar por parte de los padres.

Servicio de psicología infantil
Servicio de psicología adolescencia

Por otro lado, las percepciones que los padres tienen de la conducta del hijo suelen estar influenciadas por su propio estado emocional, los sentimientos acerca de su propia competencia como padres, el estrés familiar, la conflictividad conyugal o las expectativas elevadas respecto a cómo debe ser el comportamiento del niño. Todos estos aspectos, considerados conjuntamente, influyen en el grado de tolerancia de los padres hacia la conducta infantil, así como en sus habilidades para abordarla.

Lo mismo ocurre en el entorno escolar. En general, los profesores suelen considerar que las conductas que requieren intervención especializada suelen ser todas aquellas que perturban la marcha normal de la clase. Por tanto, el grado de tolerancia, igual que en el caso de los padres, también es un factor relevante. Todo esto influye en gran manera en que los adultos del entorno «diagnostiquen» a un niño como problemático por razones y factores ajenos a la conducta o sentimientos actuales del niño.

El comportamiento del niño puede ser muy diferente según se encuentre en casa o en el colegio, aunque en cada uno de esos contextos, por separado, sea bastante estable. No es infrecuente que determinadas conductas aparezcan en unos contextos y en otros no.

Cada niño es único pero existen tres tipos generales de temperamento, con estilos diferenciados para relacionarse en la vida:

  • El niño fácil, apacible, de humor predominantemente positivo, que no se retrae frente a situaciones nuevas; adaptable y rítmico.
  • El niño difícil, de humor predominantemente negativo y tenso, no muy adaptable y arrítmico.
  • El niño lento para ponerse en marcha, bajo en actividad, acercamiento y adaptabilidad; variable en el ritmo, y algo negativo.

La familia inmediata del niño es el primer agente socializador. Unas pautas educativas coherentes entre los padres frente al comportamiento del niño, una rutina estable, la existencia de muestras de afecto, el desarrollo de un sistema de valores que no entre en conflicto con las normas sociales y un correcto modelado por parte de los padres son aspectos que facilitarán el desarrollo evolutivo del niño y la adaptación a su entorno.

Tras la familia, es a la escuela a quien corresponde el papel de co-protagonista en el marco de la educación, pero los medios de comunicación, especialmente la televisión, también funcionan como agentes socializadores; muchas veces, desgraciadamente, con mayor influencia que el resto. Los niños aprenden estrategias de solución de problemas y pautas de actuación a través de lo que ven y oyen. Los medios de comunicación social (televisión, revistas, internet, móviles, etc.) son responsables, en muchos casos, del aprendizaje de conductas de riesgo relacionadas con la violencia y la agresividad, comportamientos sexuales de riesgo, consumo de sustancias tóxicas, etc.

Un dato fundamental a la hora de calificar una conducta como anormal es la referencia a su frecuencia, duración e intensidad, que llevan a concebir los problemas de conducta por exceso o por defecto. La conducta de un niño o niña se considera excesiva porque es peligrosa para sí mism@ o para otras personas, interfiere conductas o actividades consideradas deseables en los demás, provoca respuestas indeseables en los otros, etc.

Servicio de psicopatología infantil y adolescente

Ven a LC Psicólogos. Te informaremos detalladamente sobre nuestra manera de trabajar en psicología infantil y adolescente.