Trastornos asociados a la vejez – LC Psicólogos

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Trastornos asociados a la vejez

Ocurren cuando el individuo no logra adaptarse sin problemas a su nueva situación.

La vejez es el éxodo de una persona que, por razón de su crecimiento en edad, sufre la decadencia biológica de su organismo y un receso de su participación social. Se puede entender como una situación existencial de crisis, resultado de un conflicto íntimo entre nuestra aspiración natural a crecer y la decadencia consecuente con el avance de los años.

La vejez tiene limitaciones, pero también unos potenciales únicos y distintivos: serenidad de juicio, madurez vital, experiencia, perspectiva de la vida histórica personal y social, etc.

Este periodo involutivo se caracteriza psicológicamente por los esfuerzos que necesita realizar el mayor para adaptarse a los cambios biológicos, a las limitaciones físicas y a las nuevas condiciones de vida que supone el envejecimiento.

Las aptitudes cognoscitivas del individuo se ven afectadas en distinta medida durante el proceso de envejecimiento. El descenso de la capacidad intelectual en los ancianos no se produce en función de la edad cronológica sino que va ligado a enfermedades y circunstancias psicosociales desfavorables.

Desde el fin de la madurez, el individuo sufre una confrontación entre sus realizaciones existenciales y sus proyectos ideales. Este conflicto se precipita con la aparición de algunos momentos críticos.

  • La jubilación. Una de las crisis consiste en el desplazamiento social y familiar que representa la jubilación. Supone, a menudo, una pérdida económica, además de la privación de estatus social y prestigio. Cada persona vive de modo completamente diferente su jubilación; para algunos supone una liberación y la posibilidad de disponer de tiempo para realizar sus sueños, mientras para otros se convierte en el comienzo de su final.
  • El sentimiento de inutilidad. El deterioro de sus facultades va conduciendo al mayor, inexorablemente, a perder autonomía personal y depender de los demás; esta es la realidad que mayores repercusiones psicológicas tiene para los ancianos.
  • La soledad. Al cumplir años vamos perdiendo a las personas que amamos. El sentimiento de soledad va aumentando progresivamente junto con nuestro temor al futuro social inmediato. El sentimiento de pertenencia social se debe a la necesidad del ser humano de tener raíces, un punto de referencia y de continuidad. No se trata únicamente de una necesidad circunstancial en una etapa particular de la vida, sino de una necesidad fundamental.

A partir de cierta edad, es frecuente la presencia de achaques y alteraciones anatómicas, asociadas a molestias, así como de enfermedades de mayor entidad.

  • Enfermedades crónicas. Las enfermedades crónicas graves obligan al anciano a limitar de forma importante su ritmo de vida y a seguir un tratamiento continuado
  • Trastornos del sueño. Los problemas del sueño a esta edad pueden producirse por exceso o por defecto debido a un trastorno primario, una alteración ambiental o alguna patología.
  • Trastornos de alimentación. Problemas dentales, digestivos o dificultades para metabolizar ciertos alimentos así como el abandono alimentario relacionado con las situaciones de edad o de soledad provocan resultados negativos sobre la nutrición de los mayores.
  • Enfermedades del sistema óseo. Aparecen los dolores óseos, la deformidad de los huesos en las extremidades, el riesgo elevado de fracturas que limitan la movilidad de los mayores.
  • Enfermedades vasculares y del corazón. Debido al envejecimiento celular de las arterias y a los cambios de la masa muscular de corazón, las enfermedades cardiovasculares constituyen una de las primeras causas de muerte en la edad avanzada.

En un proceso de envejecimiento normal, el individuo se va adaptando sin problemas a su nueva situación. Sin embargo, en incontables ocasiones surgen durante el envejecimiento problemas cognoscitivos y/o psicológicos.:

DEPRESIÓN

La depresión en las personas de la tercera edad es un importante problema de salud mental por su mayor gravedad, su elevado riesgo y las dificultades que puede ofrecer para su correcta identificación, ya que el anciano frecuentemente padece al mismo tiempo enfermedades crónico-degenerativas.

El hecho de que se considere a la depresión como una consecuencia lógica del envejecimiento, constituye un factor que actúa negativamente en la detección de este padecimiento. Cuando una persona de edad va al médico, tiende a describir exclusivamente síntomas físicos y puede ser reacia a hablar de su desesperanza y tristeza.

Es importante destacar el riesgo de suicidio que tiene la persona deprimida en esta edad; cuatro veces mayor que los deprimidos de menor edad. Desafortunadamente, la depresión senil no recibe la atención que merece por su magnitud y trascendencia y solo un escaso porcentaje de ancianos con depresión recibe un tratamiento adecuado. En LC Psicólogos sí nos preocupamos por la depresión de nuestros mayores y queremos ayudarles a superarla.

NEUROSIS

Este cuadro no es muy distinto al que se produce en otras etapas de la vida, aunque en ocasiones presenta algunas características particulares. La depresión se acompaña, frecuentemente, de un componente ansioso, somatización e hipocondría, una postura de pesimismo y la resignación ante las escasas perspectivas de futuro.

PSICOSIS Y OTRAS ALTERACIONES

Como en el caso de la neurosis, estos cuadros provienen ya de etapas anteriores o son muy similares a los descritos en la vida adulta.

DEMENCIA SENIL

Bajo esta etiqueta se engloban diferentes enfermedades que repercuten de forma dramática en el funcionamiento intelectual del anciano a causa del deterioro neuronal. Es un trastorno crónico que incide en la memoria, la capacidad de concentración y el aprendizaje. Todas estas alteraciones son lo suficientemente graves como para interferir significativamente en las actividades de relación, laborales o sociales.

Como rasgos asociados a la demencia aparecen: ansiedad, síntomas obsesivos, aislamiento social, ideación paranoide o celotipia y una vulnerabilidad incrementada ante situaciones de estrés.

La edad de comienzo de la demencia senil es después de los 65 años, aunque existe demencia de inicio presenil. El curso puede ser progresivo, estático o reversible, de inicio brusco y curso estable, de inicio insidioso y curso lentamente progresivo o de inicio y curso lentos.

El deterioro del estado general es variable:

  • Leve, si la persona conserva la capacidad de independencia, con un juicio relativamente intacto y una adecuada higiene personal.
  • Moderado, cuando necesita algún grado de supervisión.
  • Grave, cuando necesita supervisión continua, con estado vegetativo.

Sus síntomas incluyen:

  • Tendencia a olvidar episodios recientes.
  • Recuerdos vívidos de hechos pasados, muy alejados en el tiempo (niñez, primera juventud), que, incluso, pueden ser absolutamente novedosos para sus familiares.
  • Dificultad progresiva para orientarse respecto del espacio y del tiempo que desencadena un progresivo aislamiento.
  • Exageración de algunos rasgos de su personalidad y aparición de facetas nuevas que toman la forma de “manías”.
  • Desaparición de aficiones o hábitos.

A lo largo de la evolución de la enfermedad aparecen una serie de complicaciones: auto y heteroagresividad, delirio, traumatismos, infecciones diversas, desorientación temporo-espacial, etc.

ALZHEIMER

Es la demencia más común y la de consecuencias más incapacitantes. Tanto la edad de comienzo como la progresión del deterioro son variables, aunque suele iniciarse en edades avanzadas y con un curso lento y regular. Afecta progresivamente a todas las funciones intelectuales, desde la memoria o el reconocimiento de rostros hasta el pensamiento o el lenguaje.

DEMENCIA MULTIINFARTO

Producida por pequeños infartos que afectan al suministro de sangre al cerebro, sus efectos dependen de la funcionalidad de la zona cerebral afectada. En caso de efectos sobre las capacidades mentales, no es extraño encontrar alternancia entre periodos de lucidez y otros de total confusión.

ESTADOS CONFUSIONALES

Con frecuencia, la confusión es un síntoma de alguna enfermedad orgánica, accidente o efecto secundario de algún fármaco.

Típicamente, lo más llamativo es la desorientación espacio-temporal, que tiene carácter fluctuante, con momentos de confusión seguidos de periodos de plena orientación.

TRASTORNOS PARANOIDES

Presentan una alteración marcada de la conciencia que incluye ideas delirantes y, en ocasiones, alucinaciones.

La gran mayoría de estos trastornos se caracterizan por el deterioro progresivo de las facultades físicas y mentales de los pacientes, que conducen a una situación de total dependencia de una tercera persona para poder subsistir. Por ello, cuando una persona padece Alzheimer, toda la familia sufre la enfermedad en mayor o menor medida.

Existen evidencias de que la estimulación de las capacidades cognitivas ayuda a ralentizar la pérdida de estas funciones y habilidades. Esta estimulación consiste en trabajar aquellas áreas que aún conserva el paciente, de forma que el entrenamiento permita compensar las pérdidas que está sufriendo con la enfermedad. En LC Psicólogos trabajamos en la estimulación de capacidades cognitivas.

La finalidad de las terapias cognitivo-conductuales, que incluyen la orientación y la rehabilitación cognitiva, es reducir las distorsiones cognitivas y mejorar las capacidades debilitadas al ejercitar las habilidades mentales del paciente.