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Control mental – Técnicas control mental – LC Psicólogos

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Control mental

Nos permite afrontar las circunstancias difíciles que se nos presentan con una actitud mucho más pausada.

En nuestra cultura es usual considerar la mente como algo separado del cuerpo. Consideramos que mente y materia no guardan ningún tipo de relación entre sí, que la reciprocidad entre ambas es imposible y que se dirigen hacia objetivos diferentes siguiendo sus propios procesos y maneras.

Sin embargo, el vínculo entre mente y cuerpo es mucho más estrecho de lo que creemos, influyéndose la una y el otro en ambas direcciones.

La mayoría de nosotros tenemos que afrontar diariamente muchas circunstancias difíciles. No es necesario pensar en circunstancias terribles extremas como atravesar un fallecimiento de alguien cercano, sufrir una ruptura sentimental o padecer una enfermedad grave. Incluso hechos tan pequeños y cotidianos como buscar un aparcamiento, perder el autobús o no escuchar el despertador, pueden desencadenar infinidad de emociones negativas: ira, rabia, furia, ganas de llorar, nervios, miedo… Si bien es cierto que no podemos evitar muchas de las situaciones que nos suceden, también lo es que podemos modificar el modo en que las percibimos y, en consecuencia, la manera de manejarlas.

El control mental nos permite afrontar las circunstancias difíciles que se nos presentan con una actitud mucho más pausada, relajada, optimista y feliz.

El aprendizaje del control mental se basa en un entrenamiento continuado a base de múltiples ejercicios en función de las características de cada persona y situación. Los más conocidos son:

  • La respiración consciente. La respiración ha demostrado siempre ser la mejor medicina ante cualquier circunstancia difícil. Como si se tratara de un tic nervioso, cada vez que nos asustamos, nos ponemos nerviosos o experimentamos angustia, lo primero que decimos o nos dicen es… ¡RESPIRA!
    El problema es que apenas somos conscientes de la importancia de la respiración. Nuestro ritmo de vida cotidiano nos lleva a respirar de un modo superficial, mínimo, rápido y descontrolado que nos impide obtener los beneficios propios de una buena respiración.
    Es por ello que necesitamos tomar conciencia de que estamos respirando y hacerlo correctamente.
  • La concentración. Concentrarse es fijar nuestra atención en una única cosa. Cuántas veces nos quejamos de que se nos va la cabeza… Y es que, al vivir estresados, intentamos poner atención y abarcar una enorme cantidad de estímulos a la vez.
    Para mejorar la memoria, aumentar la capacidad de centrar la atención en nuestras tareas, no dispersarnos mentalmente, mejorar nuestra capacidad de tomar decisiones, etc. nos conviene practicar la concentración.
  • La visualización. Visualizar es crear en la mente aquello que queremos trasladar a la realidad.
    No se trata de una fórmula mágica por la que vayamos a conseguir todo aquello que imaginemos (tal como pretenden enseñarnos algunos best-sellers de autoayuda).
    La visualización se basa en una característica de nuestra mente gracias a la cual, imaginando repetidamente pequeños avances accesibles en nuestra conducta, esta irá modificándose en nuestra vida real. Se trata de aprender de nuestra imaginación del mismo modo que hacíamos cuando éramos pequeños al observar a otros niños. Ahora nuestro modelo de aprendizaje se sitúa en nuestra mente en lugar de hacerlo en el exterior.
  • Modificación de hábitos. Los cambios de rutina motivan al cerebro a utilizar viejas habilidades a las que ya no necesitaba recurrir. Así ayudamos a su mantenimiento y desarrollo.
  • Cambio de perspectiva. Enseña a ver el mundo que nos rodea a través de otras miradas para ganar en perspectiva y empatía.
  • Estimulación y bloqueo sensorial. Fuerza a nuestro cerebro a trabajar más intensamente con todos o alguno de los sentidos.
  • La conciencia de uno mismo. Entrena la habilidad para poder reconocer y comprender tus estados de ánimo, tus emociones y tus tendencias, así como el efecto que tienen sobre otras personas.
  • La auto-regulación. Intenta controlar o redirigir impulsos y estados de ánimo disfuncionales y disruptivos y fomentar la propensión a pensar antes de actuar.
  • El anclaje. El anclaje se dirige a lograr la asociación de un estímulo agradable con la aparición de una conducta deseada (en nosotros o en otros). Con el anclaje se consigue acceder a un estado emocional simplemente evocando la asociación aprendida.
  • El reencuadre. Este ejercicio abre un canal para la comunicación entre los hemisferios cerebrales, ayudando a modificar nuestra concepción de las experiencias vividas.
  • La autoconciencia. Ejercicio para tomar conciencia de nuestras capacidades cuando ejecutamos una tarea con el fin de aprender a realizar con mayor detalle tareas interiorizadas burdamente.
  • La observación aumentada. Aprender a observar nuestro entorno a través de una lente de aumento.
  • La excelencia. Dirigida al perfeccionamiento de cualidades apenas valoradas.

En LC Psicólogos te entrenamos en técnicas de control mental.