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Tratamiento para disfunciones sexuales

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Tratamiento disfunciones sexuales

La gravedad del trastorno varía en cada caso. No esperes a tener un problema grave para pedir ayuda.

En LC Psicólogos te ofrecemos tratamiento para disfunciones sexuales. Existe una disfunción sexual cuando se alteran una o más fases de la respuesta sexual humana, impidiendo la realización satisfactoria del acto sexual.

Tomando como criterio los estándares acordados por la comunidad científica, los estudios indican que, aproximadamente, una de cada tres personas y una de cada dos parejas presenta algún tipo de disfunción sexual. Si bien la gravedad del trastorno varía en cada caso desde leve hasta grave, pasando por diversos matices, generalmente se produce algún tipo de dificultad en el individuo y en la pareja que depende de diversos factores: el significado que se le da al trastorno, las interpretaciones que se tejen alrededor del mismo, el momento evolutivo de la pareja y el tipo de vínculo que se establece, la calidad de la comunicación, la estima del individuo, las expectativas de solución y, fundamentalmente, la información que se posea, entre otros factores.

PROBLEMAS EN LA FASE DE DESEO

Una persona sana se interesa por la sexualidad, sobre todo después de llegar a la pubertad. El deseo se presenta más intenso en algunas épocas que en otras, disminuyendo cuando la persona está demasiado absorbida por su trabajo u otras actividades y aumentando cuando tiene una oportunidad sexual excitante y está en compañía de alguien que le atrae mucho.

Se considera un trastorno el hecho de que el deseo sexual de una persona sea tan intenso que la sexualidad se convierta en una obsesión o preocupación constante. Este estado se denomina ninfomanía en las mujeres y satiriasis en los hombres. En la práctica, un instinto sexual excesivo es algo infrecuente.

Es mucho más habitual encontrar personas que no sienten prácticamente nunca necesidades sexuales, no se masturban, no tienen fantasías sexuales y/o no se excitan en situaciones sexuales. Es entonces cuando hablamos de deseo sexual hipoactivo.

Aunque en ocasiones el problema puede estar motivado por alguna anomalía orgánica (carencias hormonales, trastornos endocrinos, insuficiencia renal, etc.), lo más habitual es que el problema obedezca a causas psicológicas como un bajo nivel de autoestima, estados depresivos, excesivo estrés o ansiedad, la interacción de algún tipo de fármaco, una historia de abusos sexuales o una mala relación de pareja, entre otras.

En el polo opuesto del bajo deseo sexual se encuentran los problemas relacionados con el control de los impulsos sexuales. ¿Qué es la adicción al sexo? No existe acuerdo entre los profesionales a la hora de definirla. Lo cierto es que la respuesta a esta pregunta está vinculada a la percepción de cada persona afectada. Los adictos experimentan una profunda angustia psicológica, ponen en peligro su estabilidad económica y llegan a arruinar sus relaciones sociales, familiares y laborales más significativas.

Suele ser frecuente que los adictos al sexo no puedan mantener un control de su compulsión sin un adecuado tratamiento de su disfunción sexual. En contra de lo que pudiera parecer, su motor no es un “vicio”, sino la sumisión a un impulso patológico que en la mayoría de las ocasiones está carente de placer; placer que una relación sexual, elegida desde la libertad, debería reportarnos.

PROBLEMAS EN LA FASE DE EXCITACIÓN

Algunos hombres no consiguen una erección cuando están tensos, independientemente de lo deseable que les resulte su pareja o de lo excitante de la situación. Otros pueden llegar a la erección durante el juego sexual preliminar pero perderla cuando su pareja y ellos se desnudan, o cuando se disponen a penetrar, o incluso puede ocurrir que lleguen a penetrar a su pareja pero pierdan la erección antes de alcanzar el orgasmo. En todos estos casos nos estamos refiriendo a un trastorno de la erección o disfunción eréctil.

Los problemas pasajeros de erección son frecuentes y afectan a casi todos los hombres en un momento u otro de su vida. Esto puede entenderse si tenemos presente el papel que juega la ansiedad en la aparición de un episodio de frustración en la búsqueda de la erección.

Muchas son las personas que tienen un problema de ansiedad asociada a las relaciones sexuales disparando respuestas fisiológicas de estrés (incompatibles con la relación sexual) ante estímulos que no son potencialmente amenazadores.

También las mujeres pueden estar inhibidas en la fase de excitación y no tener secreción vaginal cuando son estimuladas. Este es un fenómeno análogo al trastorno de la erección masculino. Generalmente, no es tan molesto para una mujer el hecho de que su vagina permanezca seca al no resultar tan evidente como una disfunción en la erección.

Cuando la mujer experimenta una contracción muy fuerte de toda la zona de la entrada vaginal que impide la entrada del pene nos encontramos ante un problema de vaginismo. Consiste esencialmente en un espasmo del músculo vaginal, que ha favorecido que la mujer asocie la zona genital a miedo o dolor de manera que se contrae defendiéndose de estímulos que no son realmente amenazantes para su persona (un pene, un dedo…). Dado que es un fenómeno aprendido, también puede desaprenderse mediante un programa de ejercicios de dilatación vaginal graduados.

PROBLEMAS EN LA FASE ORGÁSMICA

El problema orgásmico más habitual en los hombres es la eyaculación precoz. El hombre alcanza el orgasmo antes de la penetración, o justo al poco de iniciarla, lo cual motiva que la relación sexual no sea satisfactoria para ninguno de los dos miembros de la pareja puesto que la otra parte no dispone del tiempo necesario para alcanzar su orgasmo.

Es probable que quien lo padece haya tratado de controlar esa rapidez eyaculatoria mediante mecanismos que no son del todo acertados: pensar en otra cosa para no excitarse demasiado, eyacular una vez antes de la penetración para no sentirse tan excitado, utilizar cremas anestésicas o preservativos con cremas retardantes. Es cierto que todo ello puede en alguna medida disminuir su excitación sexual y, en consecuencia, retardar la eyaculación. Sin embargo, no favorece el aprendizaje del control de la eyaculación.

El problema opuesto es la eyaculación retardada. El hombre afectado por este trastorno no puede dejarse ir y permitir que se produzca el orgasmo. Estos hombres suelen sentir deseo y no tienen ningún trastorno de la fase de la erección pero les cuesta llegar al orgasmo aun recibiendo una gran estimulación.

Posiblemente el problema sexual más común entre las mujeres es que, aunque experimenten deseo sexual, gocen de la relación y tengan secreción vaginal, les cueste llegar al orgasmo. Es un problema similar al de la eyaculación retardada si bien la inhibición del orgasmo es mucho más frecuente en las mujeres que en los hombres.

Algunas mujeres, al necesitar mucho tiempo de excitación para llegar al orgasmo o sentir que no pueden alcanzarlo, lo fingen. Si ese es tu caso, no trates de ocultar la realidad y dialoga con tu pareja para que te acompañe en el proceso de terapia.

 

Para el tratamiento de estas disfunciones sexuales algunas parejas necesitarán terapia de pareja antes de poder centrarse directamente en el incremento de la actividad sexual. Otras, requerirán un poco de instrucción sobre el desarrollo de destrezas para la resolución de conflictos en aquellas áreas no relacionadas con el sexo. Para lograrlo se recurre al entrenamiento en comunicación de sentimientos, mostrar comprensión, resolver los desacuerdos con sensibilidad y respeto hacia ambas partes, aprender cómo expresar la ira de manera constructiva y reservar tiempo para las actividades de la pareja. El afecto y la comunicación positiva tienden a estimular el deseo sexual.

Son muchas las parejas que necesitarán concentrarse directamente en la relación sexual para expandir la variedad y el tiempo dedicados a la actividad sexual a través de la educación y las tareas de pareja. Es posible que algunas parejas necesiten desarrollar nuevas formas de acercarse sexualmente a la otra persona de un modo más interesante y conveniente o de rechazar una invitación sexual de una forma suave y discreta.

Llámanos y cuéntanos tu caso para que podamos ayudarte a llevar una vida sexual satisfactoria.